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La
Gran
Muralla China es un monumento único en nuestro planeta. Dicen
que es la única obra humana que se ve desde la luna, y de hecho
es impresionante. El inicio de su construcción esta fechado hace
más de 2500 años, ya que la civilización china
siempre se ha sentido amenazada por las tribus nómadas del Norte.
La primera vez que se unificaron los tramos de muralla fue en el siglo
III a.C., por el primer emperador Qinshihuang, desde entonces se han
reconstruido muchas veces. Va desde el paso de Shanghaiguan en el Mar
de China, hasta Jiayuguan en el desierto de Asia Central. En total se
han construido 50.000 km de murallas en China, por lo que en el Norte
del país es fácil encontrarse con tramos de muralla más
o menos conservados. Cerca de Beijing está el lugar más
famoso: Badaling.
Badaling está a 70 km de la ciudad. es el tramo más visitado. Está en un paso entre montañas lo que le da un fácil acceso, y la posibilidad de contemplar, tanto desde arriba como desde abajo, varios kilómetros de muralla serpenteando entre las montañas. Al ser su acceso tan fácil está muy popularizado, y a veces hay aglomeraciones de gente. También se puede subir en funicular. Se puede ir a la muralla tomando el autobús al Sur de Tiananmen. De camino se pasa por otro tramo de muralla recién reconstruido. Es el llamado Juyongguan. Suele haber menos gente en la sección de la Muralla en Mutianyu. Aquí la muralla discurre por la cima de las montañas por lo que el panorama es completamente diferente al de Badaling. Es más cansada para subir,aunque hay un telesférico para subir.
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Las
Tumbas Ming también están en las afueras de Beijing. Se
empezaron a construir en 1409 para albergan los restos de los emperadores
Ming. Se extienden por todo un valle, entre un río y una montaña.
A la entrada está el Camino Sagrado, una estela del emperador
Hongxi de 9 m de altura sobre una tortuga, y un largo paseo con 12 pares
de esculturas de animales reales y míticos, realizadas en mármol
en el siglo XVI, así como 6 pares de esculturas de funcionarios,
militares, civiles y letrados, que finalizan en laPuerta del Dragón
y el Fénix.Para acceder a las tumbas cruzaremos el Camino de
los Espíritus, un camino de siete kilómetros de largo
que se inica con la Dahongmen o Gran Puerta Roja, con tres arcos; el
emperador era el único en poder cruzar por el arco central. Ambos
lados de la carretera presentan grandes estatuas de piedra que representan
animales y hombres y que son un perfecto ejemplo de escultura Ming.
Estas estatuas representan animales reales y mitológicos, como
el xiechi o el qilin, una bestia medio ciervo medio vaca.
Cada
una de estas esculturas es una obra de arte, y el conjunto rezuma
esa sobria tranquilidad de la que participan otros monumentos funerarios.
Además no suele haber muchos turistas. Hasta ahora se han excavado
dos tumbas, pero no son muy interesantes. Son la del emperador Wanli
(Tumba Dingling), con una exposición de los objetos encontrados
en la tumba; y la del emperador Yongle, llamada Changling, con un
pequeño museo.
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En la zona situada al norte de la Plaza de Tian'anmen se encuentran unos cuantos lugares interesantes diseminados, muchos de ellos restos del pasado imperial, cuando esta zona era el hogar de príncipes, nobles y monjes. El más bello palacio aún existente es el del Príncipe Gong, enterrado en los hutongs mejor conservados de Beijing, al norte del Parque Beihai, el Parque Imperial del Placer. Por su parte, el templo más soberbio, el Yonghe Gong, se encuentra en las afueras, más al norte. Otros residentes ilustres son de épocas más recientes; en el noroeste, las casas del siglo xx del escritor Lu Xun y del artista Xu Beihong están abiertas y funcionan como museos. Para una impresión general sobre el estado del arte chino, el viajero puede visitar la Galería de Arte Chino, inmediatamente al norte de Wangfujing. el noreste
El lugar más interesante en el norte de la ciudad es el Yonghe Gong, el Templo del Lama Tibetano (todos los
días, 9-17 h; 10 yuanes), que se encuentra al noreste de la
Ciudad Prohibida y justo al sur de la parada de Metro de Yonghe Gong.
Aunque el visitante no vea ningún otro templo en la ciudad,
éste merece el esfuerzo de acercarse a él; no hay muchos
más templos tan llenos de color, aunque sea un poco turístico.
Se construyó hacia finales del siglo xviii como residencia del príncipe Yin Zhen. En 1723, cuando éste se convirtió en el emperador Yong Zheng y se trasladó a la Ciudad Prohibida, el templo cambió el color al amarillo imperial y se restringió a un uso religioso. Se convirtió en un monasterio de lamas en 1744, albergando monjes del Tíbet y también de Mongolia Interior, sobre los que el monasterio tenía un papel dirigente, ya que supervisaba la elección del Buda viviente de Mongolia, que se escogía a suertes en una urna dorada. Después de la guerra civil, en 1949 el Yonghe Gong fue declarado monumento nacional, y permaneció cerrado durante 30 años; un hecho notable es que escapó a las iras de la Revolución Cultural. Los visitantes pueden pasear libremente por las salas de plegaria y por los jardines, aunque la experiencia tiene mucho más de estética que de espiritual. Además de los sorprendentes mandalas que cuelgan en las paredes laterales, hay unas cuantas estatuas notables. En la Tercera Sala, las estatuas vestidas son nandikesvras, Budas con sexo, que le dieron al monasterio de lamas su reputación como el lugar de ilustración sexual más notable de China (las estatuas se utilizaron en su día para la educación de los hijos del emperador). En la Sala de la Rueda de la Ley, detrás de ésta, hay una estatua en bronce dorado del fundador de la secta del Sombrero Dorado, y pinturas que representan su vida, mientras que los cercanos tronos eran utilizados por los Dalai Lama cuando acudían aquí para impartir sus enseñanzas. En la última y mayor sala, el Pabellón Wanfu, una estatua de 18 m de altura del Maitreya Buda está tallada de un solo tronco de madera de sándalo, un regalo para el emperador Qianlong de parte del séptimo Dalai Lama. La madera es tibetana, y tardó 3 años en llegar a Beijing.
La lamasería no es sólo un bello edificio un
agradable refugio, si se consideran también sus jardines-,
sino que también funciona como activo centro de budismo tibetano,
básicamente con objetivos propagandísticos, para mostrar
que China garantiza y respeta la libertad religiosa de las minorías,
pero es cuestionable la autenticidad de los monjes que el visitante
puede observar paseando por el lugar. En 1995, el Panchen Lama,
una «marioneta» del estado chino, que lo eligió,
fue investido en este lugar, al desaparecer el elegido por el Dalai
Lama, un niño de 6 años (véase recuadro, pág.
1186).
Cerca
del Yonghe Gong, en el lado oeste, se encuentra un tranquilo hutong
lleno de pequeñas tiendas que venden grabaciones religiosas,
incienso e imágenes. Esta calle, una de las más
antiguas de la ciudad, ha sido el hogar de estudiantes desde la
dinastía Yuan, y tiene multitud de pailous, arcos decorativos
que en otras épocas adornaban muchas de las calles de Beijing,
pero fueron destruidos en los años cincuenta porque eran
un obstáculo para el tráfico. A la derecha, unos
100 m más abajo, el
Templo de Confucio (todos los días,
8.30-17 h; 10 yuanes) es un lugar bastante soso, que se utilizó
durante décadas como museo. En el patio, unas estelas recuerdan
los nombres de quienes estudiaron aquí y aprobaron los
exámenes del servicio civil. Las últimas son de
la época Qing, y las pagaron los propios estudiantes, ya
que el emperador se negó a hacerlo. La Sala Principal es
un oscuro y fortuito museo de quemadores de incienso e instrumentos
musicales. En una sala lateral hay otro museo que muestra una
diversa variedad de objetos, como la cerámica Tang, que
incluye imágenes de extranjeros con caras puntiagudas,
y es lo más original. En la parte de atrás, un edificio
que parece un almacén expone textos de los clásicos
confucianos del siglo xiii escritos en estelas, con una caligrafía
que en su día conformó el estándar que todos
los estudiantes tenían que imitar. Pero quizá lo
mejor que se puede hacer en este lugar es sentarse en un banco
en el apacible patio, entre viejos y retorcidos árboles,
y disfrutar del silencio.
Volviendo al Yonghe Gong, el Parque Ditan (todos los días, 6-21 h; 1 yuan) está sólo a 100 m en dirección norte. Resulta más interesante como un lugar para pasear entre los árboles y fijarse en las personas que practican tai chi, que por su pequeño museo (5 yuanes), que alberga la silla de brazos del emperador y el enorme altar en que realizaban sacrificios a la tierra. Si se vuelve al centro desde el Yonghe Gong en autobús o en bicicleta, se puede visitar la Galería de Arte de China (mar.-dom., 9-16 h; el precio de la entrada varía entre 2 y 20 yuanes), en el extremo norte de Wangfujing Dajie, en la ruta del autobús 2, que va de norte a sur entre Qianmen y Andingmen Dajie, o el trolebús 104, que pasa entre Andingmennei Dajie y Beijing Zhan. Es un edificio enorme que suele presentar un par de exposiciones simultáneas, aunque no dispone de colección permanente. En el pasado, las exposiciones estuvieron dedicadas en especial a la obra de las mujeres y de las minorías; incluso hubo una sobre la propaganda del realismo socialista que no estaba destinada a renovar energías sino a ser una manera de examinar las locuras pasadas. La imaginería revolucionaria hace ya tiempo que tuvo su momento, y la pintura china está disfrutando de un cierto renacimiento en la actualidad, con obras interesantes que salen de las escuelas de arte de Beijing. Se puede comprobar su trabajo en julio, cuando exponen aquí sus obras de graduación; también es un buen lugar para conocer algunos de los chinos con un alma más bohemia: los estudiantes de arte. Compruebe en los listados de direcciones prácticas de las revistas qué se expone en la actualidad.
Al sur de la Plaza de Tian'anmen está el barrio
de Qianmen. Después de ver la Plaza de Tian'anmen y
la Ciudad Prohibida en Qianmen volverá a ver unas proporciones
normales, un barrio con callejas estrellas y muchos comercios.
Se entra por la Puerta de Quianmen, una imponente construcción
del siglo XV que era una de las puertas de la antigua Pekin
amurallada.
Su calle principal es Quianmen Dajie empieza en la
Puerta de Quianmen. Casi todas las callejas que salen de esta
calle son netamente comerciales y tienen sitios muy interesantes.
Hay comercios de muchas nacionalidades, también los
ubicuos Mac Donalds y KFC. Si antiguamente este era un barrio
de Opera china, hoy lo es de cine, con muchos estrenos del
país.
el noroeste Dirigiéndose
al oeste desde el extremo sur del Parque Beihai por Wenjin
Dajie, se llega a Fuchengmennei Dajie, justo en un desvío
de Xidan Dajie, la parte comercial de la zona. Un par de
lugares yendo por esta calle merecen echarles un vistazo.
El autobús 101 desde la salida norte de la Ciudad
Prohibida, y el 13 desde el Yonghe Gong, atraviesan la calle.
El Guangji
Si, sede central de la Asociación
Budista China, es un templo budista en funcionamiento cerca
del extremo este de la calle y en su parte norte; alberga
una importante colección de pinturas y esculturas.
No se paga por entrar, y los visitantes pueden contemplarlo
libremente. Más al oeste por la misma calle, se llega
a un templo en el lado norte, que ha sido convertido en
una escuela -el Muro de los Espíritus forma hoy en
día un lado de un lavabo público- y en el
número 133 se encuentra uno de los primeros sex-shops
de China, el Adam and Eve Health Store, donde empleados
con bata blanca venden una formidable variedad de objetos
auxiliares para la práctica sexual. Continuando más
lejos, se hace visible la monumental dagoba blanca del
Baita
Si (todos los días, 9-17 h; 10 yuanes),
elevándose sobre los tejados de un laberinto de hutongs;
el único acceso es desde Fuchengmennei Dajie. Con
la forma de un cuenco invertido y acabado en forma cónica,
como un cucurucho de helado volcado, la dagoba de 35 m de
alto fue construida durante la dinastía Yuan para
guardar reliquias, y fue diseñada por un arquitecto
nepalí. El templo, que ha abierto recientemente sus
puertas después de una larga restauración,
merece una visita incluso por su colección de pequeñas
estatuas de Buda, la mayoría tibetanas, que se encuentran
en una sala. Otra sala alberga una colección de lohans
de bronce, incluyendo una con un pico, pequeños budas
de bronce y otras figuras lamaístas más extrañas,
junto con indumentarias sacerdotales de seda y terciopelo,
que se encontraron debajo de la dagoba en 1978.
Continúe hacia el oeste y, justo antes de la gigantesca intersección con Fu-chengmen Bei Dajie, se ve el Hutong Xisantiao al norte, que conduce a la Antigua Residencia de Lu Xun (mar.-dom., 9-16 h; 10 yuanes), una gran casa con patio, ampliamente renovada. Lu Xun (1881-1936) está considerado en todo el mundo como el más grande escritor chino moderno, que abandonó una prometedora carrera como médico para escribir libros que tenían el objetivo (según propia declaración) de curar a miles de personas con sus historias satíricas y sustanciosas. Como persona que odiaba la pomposidad, hoy en día se sentiría un poco incómodo en su casa, donde reina una atmósfera de admiración acrítica. Sus posesiones se han guardado como reliquias, y por esta casualidad el visitante puede tener una idea de cómo debían de ser los interiores de las casas chinas a principios del siglo xx; también hay una exposición fotográfica de su vida, que alaba sus logros. Una buena librería junto a la entrada vende traducciones en inglés de sus obras. Vale la pena comprar y leer La verdadera historia de Ah Q, considerado como el mejor relato de Lu Xun, una lectura vívida y divertida, escrita en el sencillo estilo que él favorecía como alternativa al complejo lenguaje clásico de la época. Aparecido en 1911, narra la historia de un campesino indigno, que encarnaba lo que el autor veía como defectos del carácter de la raza china, que va de desastre en desastre, creyendo que cada uno es un triunfo. Sueña con una revolución y acaba siendo ejecutado, sin haber entendido nada. No lejos de aquí, en el número 53 de Xinjiekou Bei Dajie, en la ruta del autobús 22 desde Qianmen o del 38 desde el extremo este de Fuchingmennei Dajie, el Museo Xu Beihong (mar.-dom., 9-11 h y 13.30-16.30 h; 1 yuan), vale la pena desviarse para visitarlo. Está dedicado a un coetáneo de Lu Xun que hizo por el arte chino lo que aquél por la literatura. Hijo de un retratista ambulante, Xu Beihong (1895-1953) tuvo que cuidar de su familia desde los 17 años, después de la muerte de su padre; pasó gran parte de su juventud casi en la indigencia, hasta recibir el reconocimiento que merecía. Su extraordinaria habilidad se evidencia con claridad en las siete salas que muestran una extensa colección de su obra, que incluyen algunas de las pinturas de caballos con tinta por las que se hizo famoso; también hay pinturas al óleo al estilo occidental, que produjo cuando estudiaba en Francia, e imágenes alegóricas a gran escala que aluden a los sucesos de la época en China. Pero las imágenes que despiertan la sensibilidad del visitante con mayor facilidad son sus deliciosos esbozos y estudios, a tinta y a lápiz, que a menudo tienen a su hijo como objeto.
La
zona situada al norte del Parque Beihai ha experimentado
muy poca modernización, y el trazado de las calles
continúa siendo un laberinto que tiene su centro
en los dos lagos Shisha, artificiales, creados durante
la dinastía Yuan, que eran el puerto de una red
de canales que servían la capital. Los callejones
grises y encerrados muestran otra cara de Beijing, la
privada: aquí se puede ver un desorden de patios
y palacios reconvertidos, y pasar por pequeños
espacios abiertos donde se sientan los ancianos con
sus pájaros. También hay dos gigantescos
y viejos edificios, las torres de la Campana y el Tambor,
escondidos entre los callejones. CITS ha aprovechado
el atractivo de esta zona y ofrece una visita por los
hutongs (180 yuanes), que sale todos los días
a las 9 y 14 h de delante de la entrada noroeste del
Parque Beihai. Más imaginativa que la mayoría
de sus salidas organizadas los visitantes van en rickshaw
es muy popular entre los grupos (Tlfn. 66159097 para
más información). La mejor manera de hacer
esta visita por cuenta propia es, sin duda, en bicicleta.
El tráfico no es intenso, y el visitante es libre
de sumergirse en el callejón que más le
plazca; aunque perderse es algo casi seguro, en tal
caso, continúe pedaleando por la zona has-ta
que llegue al lago, la única referencia suficientemente
significativa en esta zona. El mejor punto de acceso
es el hutong más próximo a la entrada
norte del Parque Beihai; para llegar a este lugar, tome
el trolebús 111 desde Dondan Bei Dajie, o el
autobús 13 desde el Yonghe Gong.
Un lugar al que hay que ir es el Palacio del Príncipe Gong (todos los días, 9-16.30 h; 10 yuanes), residencia del padre del último emperador de la dinastía Qing y la casa con patio mejor conservada de la ciudad. Hay que seguir el sinuoso callejón que hay al norte de la entrada norte del parque Beihai, Shishaqian Hai (el lago más bajo) ha de estar a la derecha; entonces tome la primera calle a la izquierda, luego la primera a la derecha y siga hasta Qianhai Xi Jie. Si se pretende llegar al palacio directamente en autobús, hay que bajar en Dianmen Xi Dajie y recorrer el mismo camino. El atractivo y frondoso jardín del palacio, dividido en circunspectos recintos y con unas formas muy imaginativas, alberga actuaciones no fijas de Ópera de Beijing, aunque para presenciar el espectáculo se ha de coincidir con los horarios para grupos organizados, alrededor de las 11 h y las 16 h. Hay multitud de otros viejos palacios en la zona; en tiempos fue parte de un lugar de placer imperial y el hogar de un buen número de altos oficiales y distinguidos eunucos. El Palacio de Tao Beile, hoy en día una escuela, está justo al oeste de aquí, en Liuyin Jie. Volviendo sobre los pasos y dirigiéndose al norte junto a la orilla del lago, se llega a un puente arqueado en el punto donde el lago es más estrecho. Al otro lado del puente se encuentra el excelente Kaorouji Restaurant , que tiene buenas vistas sobre el lago. Para llegar aquí desde el este, es el primer hutong a la derecha, caminando en dirección sur desde la Torre del Tambor. Continúe por el lado sur del lago y a unos 500 m encontrará un pequeño parque con un mercado de pájaros y, más allá de éste, el desvencijado mercado de antigüedades de Houhai, con señales en inglés, justo antes de llegar a Deshengmennei Dajie. Si el visitante va en bicicleta, puede considerar hacer un desvío más hacia las afueras y al oeste hasta el Museo Xu Beihong desde este lugar. De nuevo en los hutongs, diríjase al norte siguiendo el lago y serpentee hacia el este hasta llegar a la Residencia de Song Qingling (todos los días, 9-16.30 h; 6 yuanes), otra mansión de la dinastía Qing, con un jardín delicado y espacioso. Song Qinling, la esposa de Sun Yatsen, es un personaje muy respetado en China, y una exposición en el interior de la casa detalla su atareada vida en un tono austero. Desde aquí, un callejón conduce hasta Gulou Xi Dajie, una calle importante, en cuyo extremo este se asienta el Gulou o Torre del Tambor (todos los días, 9-16.30 h; 6 yuanes), una creación Ming del siglo xv. Desde este lugar privilegiado se tocaban los tambores que señalaban las horas del día y de la noche, y que convocaban a los oficiales imperiales a reunión. En su lúgubre interior hay una pequeña exposi-ción sobre los hutongs y un tambor que el visitante puede golpear por 10 yuanes. Su gemela, la Zhonglou, o Torre de la Campana (todos los días, 9-16.30 h; 6 yuanes), es visible desde aquí, en el extremo de un corto hutong. La original, de la época Ming, se destruyó en un incendio y fue reconstruida en el siglo xviii. Aún conserva la campana original. Ambos edificios son estructuras formidables, pero vistos más de cerca resultan un poco pobres. Se encuentran en el principal eje norte-sur de la ciudad. Diríjase directamente hacia el sur, rodee el Parque Jingshan y pase la Ciudad Prohibida; finalmente se llega a Qianmen Dajie, una ruta que sigue el autobús 5.
El Parque de Jingshan (todos los días,
6-22 h; 0,3 yuanes) ofrece un modo natural de redondear
una visita a la Ciudad Prohibida. Se trata de un montículo
artificial, que se creó con el material dragado
para la construcción del foso del palacio,
y que servía como protección contra
los vientos y barrera contra los espíritus
del mal (que se creía que surgían del
norte). Toma su nombre, que significa Colina del Carbón,
de un depósito de carbón que hubo aquí
en otros tiempos. Su historia, que ha presenciado
momentos de gran importancia, incluye el suicidio
del último emperador Ming, Chong Zhen, en 1644,
que se ahorcó en un árbol de loto después
de que las tropas rebeldes penetraran en la Ciudad
Imperial. El lugar concreto, en el lado este del parque,
resulta fácil de encontrar, ya que está
indicado por todas partes, aunque el árbol
que hay en el sitio no es el original.
Son las vistas desde lo alto de la colina las que hacen de este parque una visita tan obligada. Abarcan la extensión completa de la Ciudad Prohibida, una perspectiva reveladora de la ciudad y una amplia parte de sus afueras, mucho más atractivas desde aquí que a nivel del suelo. Hacia el oeste se encuentra Beihai, con su «lago de la serpiente gorda», al norte las torres del Tambor y la Campana, y al noreste, el Yonghe Gong. El Parque Beihai (todos los días, 6-20 h; 10 yuanes; estudiantes 0,5 yuanes) a unos centenares de metros al oeste de Jingshan, está en la ruta del autobús 13 desde el Yonghe Gong o del 5 desde Qianmen; es un lago en casi la mitad de su extensión, y un lugar favorito para practicar el patinaje en los helados meses de invierno. Se supone que fue creado por Kublai Khan, mucho antes de que se concibiera cualquiera de las estructuras de la Ciudad Prohibida, y su escala es apropiadamente ambiciosa: el lago es obra humana y en su centro se creó una isla con la tierra excavada. El emperador Qianlong supervisó su transformación en un jardín clásico, y la viuda de Mao, la desventurada Jiang Qing, era una visitante habitual. Hoy en día, las atracciones y las tiendas, colocados entre sauces y galerías de columnas rojas, desfiguran su elegancia, aunque aún es un lugar magnífico para alejarse de la ciudad y cargar las pilas. La mayoría de las construcciones (todos los días, 6-16 h) se encuentran en la isla central, que tiene en su cima una dagoba blanca, edificada a mitades del siglo xvii para celebrar una visita del Dalai Lama, un emblema apropiado para un parque que contiene una curiosa mezcla de edificios religiosos, almacenes de reliquias culturales y arquitectura de jardín imperial. Justo en la puerta sur, la Ciudad Circular encierra un patio con un cuenco de jade que se dice perteneció a Kublai Khan. El Buda de jade blanco de la sala que hay detrás fue un regalo de Birmania. Desde este punto, a través de un corredor se puede acceder a la isla. Está sembrada de arquitectura religiosa, con la que se encuentra el visitante cuando pasa por los diversos caminos de piedra, incluyendo el Yuego Lou, una sala llena de estelas, y la gigantesca dagoba que hay en su punto más alto, con un santuario dedicado a la divinidad lamaísta Yamantaka, que tiene en su interior esta figura con cabeza de demonio y multitud de brazos. Junto a un corredor pintado que recorre la base de la colina, hay un restaurante muy exclusivo, el Fangshan, donde la decoración, la comida y los precios son propios de un emperador. También hay un amarradero cerca de este lugar, donde se pueden alquilar botes de remos; en las cercanías de la puerta sur también se puede tomar un bote de pedales, con forma de pato. Son buenas maneras de explorar el lago y sus orillas. En el lado norte del lago una impresionante estructura en forma de dragón, en buen estado, es una de las más grandes de este tipo de China, con sus 27 m de largo. Los Cinco Pabellones del Dragón, en la cercanía, se supone que recuerdan la forma de la columna vertebral del animal. Al otro lado del lago, los jardines y los conjuntos artificiales de piedras fueron populares en tiempos del emperador Qianlong, y resulta fácil entender por qué: incluso cuando el lugar está abarrotado los fines de semana, el ambiente es aquí muy tranquilo
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