El autor de esta página es:.Eduardo de Paz Gútiez
HISTORIA
| El fín del siglo visigodo | Primer mitad del siglo X (910-950) | El Reino de Asturias |
| Primer mitad del siglo X (910-950) | Segunda mitad del siglo X | Siglo XI |
| Siglo XII y XIII | El fin del Reino |
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En
680 el Rey visigodo Wamba toma, como seguramente fuera su costumbre, una
infusión de hierbas. Inesperadamente, y por medio de un narcótico llamado
esparteína, el Rey cae en una especie de estado de coma y los nobles y
clérigos se apresuran a tonsurarlo, preparándole para la muerte que parecía
inminente. Al poco Wamba se recupera, pero ya estaba imposibilitado para
reinar, según el Liber Ordinum de la Ley Visigoda, por lo que, a pesar
de sus protestas ante la clara conjura realizada contra él, se retira
a un
monasterio,
donde morirá en 687. Con esta superchería fue depuesto el último Rey visigodo
que trató de mantener unido un estado cada vez más feudalizado y dominado
por la nobleza, y que, sin sospecharlo, se estaba encaminando a su exterminio.
Ervigio (680-687), fue, probablemente, el principal conjurado contra Wamba. Cabeza visible de la familia de Chindasvinto y Recaredo, se dedicó a convocar Concilios para promulgar Leyes que destruyeran la obra de su predecesor y que le permitieran salvar un trono extremadamente débil, sometiéndose totalmente a las disposiciones de la Iglesia, temeroso aún de la posible venganza de Wamba, que se encontraba en el Monasterio de Pampliega. Para evitar esta, casó a su hija Cixilona con Egica, sobrino de Wamba, a quien prometió nombrar su sucesor, en un intento de asegurar el futuro de su familia. Se tienen noticias de un desembarco frustrado en las costas levantinas de un contingente árabe, así como también la posibilidad de que fuera entonces cuando la plaza de Ceuta cayera en manos visigodas, tras el hundimiento bizantino del norte de Africa. en Noviembre de 687 Ervigio caía gravemente enfermo y abdicó de la corono a favor de su yerno Egica, tras haberle hecho jurar que cuidaría de su familia, expirando al día siguiente.
Egica (687-702) se encargó muy pronto de dar al traste con todos los
planes de su predecesor. Wamba, que aún vivía, se encargó rápidamente
de recomendar a su sobrino que alejara a Cixilona del trono. Convocó
un nuevo Concilio para que la Iglesia le liberase del juramente hecho
a Ervigio en su lecho de muerte, lo que consiguió. Intentó, sin conseguirlo,
limitar el poder de los nobles. En 693 tuvo que reprimir una conjura
que trató de asesinarle a él y a sus hijos. Fue entonces cuando inició
primero una brutal represión contra la nobleza y años más tarde contra
los judíos, acusándoles falsamente de tramar una conspiración general
contra el Reino. Asoció al trono a su hijo Witiza, pasando este a gobernar
Galicia. Conociendo una conspiración para hacer subir al trono a Teodofredo,
al parecer hijo de Recesvinto, mandó cegar a este, imposibilitándole
de esa forma el poder ser Rey. Teodofredo se retiró a Córdoba con su
hijo Rodrigo. En 702 Egica moría de muerte natural, algo no demasiado
habitual en aquellos tiempos.
Witiza (702-710) ya llevaba cinco años asociado al trono cuando sucedió
la muerte de su padre. Gobernador en Galicia hasta entonces, se creó
en Tuy poderosos enemigos, entre ellos al Duque Favila, ya que trató
de poseer a su esposa. Evidentemente el Duque se opuso y, tras una
reyerta, Witiza acabó con su vida, dejando un hijo de corta edad llamado
Pelayo. Una vez nombrado Rey, se apresuró a cambiar la política antinobiliaria
de su padre, en un intento de atraerse a los nobles hacia sí. Nombró
a Rodrigo, hijo del cegado Teodofredo, duque de la Bética, aunque
no consiguió ganarse con ello a la familia de Chindasvinto, siempre
tan poderosa. No se tienen grandes datos sobre los últimos años de
su reinado, aunque sí se sabe que la descomposición del Reino en dos
bandos irreconciliables era tal que el final del mismo era solo cuestión
de tiempo. Como así fué.
Rodrigo
(710-711) fue elegido Rey por los nobles en contra de los deseos
de la viuda de Witiza, que intentó que fuera su hijo mayor Olmundo
el elegido. La familia del fallecido Rey, junto a algunos nobles,
procedieron a nombrar a Agila II como Rey, supuestamente como hijo
de Witiza, aunque no está nada claro este parentesco. Estalló entonces
la guerra civil y Rodrigo consiguió dominar la mayor parte del territorio,
excepto Cataluña y la Septimania, en donde gobernaba Agila II. Durante
estas luchas, Rodrigo perdió a un importante aliado, el Conde Don
Julián, gobernador de la plaza de Ceuta, según la leyenda por haber
violado el Rey a su hija Florinda en la corte visigoda, aunque las
verdaderas causas nunca se han adivinado. Lo cierto es que el Conde
entregó la plaza de Ceuta a los árabes y les animó a la invasión
de la Península. Los árabes realizaron una primera incursión de
poca importancia, saqueando algunos pueblos y retirándose con el
botín conseguido. El Rey no debió considerar excesivamente importante
esta escaramuza porque no se preocupó de impedirla, al estar más
preocupado en dominar una nueva rebelión de los vascones.
En
abril de 711 los árabes, que habían pactado con los witizianos,
invadieron la península con más de 7.000 hombres, a los que más
adelante se unirían otros 5.000. Enterado Rodrigo de ello, abandonó
Pamplona, donde se hallaba, y marchó al encuentro de los invasores,
deteniéndose en Toledo, probablemente para convocar a los nobles
a la lucha. Mientras, su sobrino Evantius intentó detener a las
tropas árabes, pero fue derrotado y muerto. Rodrigo acampó en
Córdoba y se preparó para la batalla. Quizás excesivamente confiado,
entregó las dos alas de su ejército a los hermanos de Witiza,
Sisberto y Oppas, que ya estaban decididos a traicionar al Rey.
Asimismo y para encargarse de soliviantar a las tropas contra
el Rey estaban los hijos de Witiza, Olmundo, Ardabasto y Rómulo.
La batalla tuvo lugar el 26 de Julio de 711 cerca del río Guadalete (aunque esto no está muy claro), y en lo más enconado de la batalla, Sisberto y Oppas se retiraron de sus posiciones. A pesar del empuje y de la resistencia de las tropas leales al Rey, la superioridad numérica de los árabes inclinaron la balanza de su parte. Se desconoce si el Rey Rodrigo murió o sobrevivió a la batalla, aunque muchos años después se descubrió una tumba en Viseu en la que se podía leer una inscripción que decía "aquí yace Rodrigo, último Rey de los Godos", lo cual hace pensar que el Rey y lo que quedaba de su Corte hubieran podido resistir en la ciudad lusitana hasta 713, en que Viseu fue tomada por los árabes. Lo que está claro es que la derrota fue tan clara que el estado se desmembró totalmente a la vez que lo hacía su ejército. Fue el fin del Reino Visigodo.
Los
años siguientes (711-733) fueron un paseo militar para los árabes.
La mayoría de los visigodos se rindieron sin lucha al invasor,
ya que este concedía a sus nuevos subditos libertad religiosa
y autonomía administrativa. Los judíos, que tanto habían sufrido
en los últimos añós, también se sometieron sin dudarlo. Ciudades
como Granada, Málaga e incluso la propia capital goda, Toledo,
se rindieron sin resistencia alguna. Muchos debieron pensar
que después de todo lo que habían pasado en manos de los nobles
godos, peor no podía irles, así que, salvo en casos aislados,
la resistencia fue nula. Los witizianos fueron muy bien recompensados
por su traición, pero no pudieron recuperar el trono, que había
sido la causa principal de su traición. El Rey Agila II y su
sucesor, Ardo, resistieron en la Septimania hasta que en 720
su capital, Narbona, cayó en manos musulmanas. En 725 fueron
conquistadas las últimas capitales visigodas que aún se oponían
a la invasión.
Los godos que no quisieron someterse, huyeron hacia el norte, encontrando refugio en las abruptas montañas de la cordillera cantábrica. En un principio los astures y los refugiados godos pactaron con el gobernador musulman de Gijón, Munuza. Este envió a un noble godo llamado Pelayo, que había luchado al lado del Rey Rodrigo en la batalla del Guadalete, a Córdoba, no se sabe si en una comisión o como rehén, aprovechando su ausencia para tomar por esposa a su hermana, de la que se había enamorado. Al regresar, Pelayo desaprueba esta boda y tiene que huir a los montes, en donde toma contacto con los astures y godos rebeldes, que le acabarán eligiendo jefe en 718. Tras una etapa de constante hostigamiento a los musulmanes en una clara lucha de guerrillas en la que su conocimiento del terreno les permitía obtener ventaja, y tras la victoria en la batalla de Covadonga, Pelayo fue nombrado Rey. Había nacido el Reino de Asturias, el sucesor del Reino Visigodo. |
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Pelayo
(718-737), noble godo que ya había sido nombrado caudillo de los rebeldes
en 718 en una asamblea celebrada al más puro estilo visigodo, consiguió
dispersar a las tropas musulmanas en la llamada batalla de Covadonga,
probablemente ocurrida en 722. Realmente no debió ser más que una escaramuza
entre árabes y cristianos, pero el eco de esta victoria se extendió
rápidamente entre los refugiados astures y ello acabó dando vida a un
Reino, siendo el propio Pelayo nombrado Rey muy cerca de la actual localidad
leonesa de Cordiñanes, en los Picos de Europa, en donde en la actualidad
existe un monumento recordatorio de dicho momento histórico. Instaló
la capital del Reino en Cangas de Onís y el resto de su mandato lo pasó
intentando consolidar la naciente monarquía,
toda
vez que los árabes habían decidido no aventurarse más por aquellos inhóspitos
y peligrosos parajes, a los que tan poco valor daban, quizás por no
poder conseguirlos. Falleció en 737.
Favila (737-739), accedió al trono a la muerte de su padre. Su reinado fue muy corto y nada nos cuentan las crónicas sobre él salvo que murió en 739 despedazado por un oso durante una cacería, aunque la teoría más probable sobre su fallecimiento es que fuera asesinado por la nobleza, que continuaría de esta forma con su particular "método" de elección de Reyes tan al uso durante los tiempos del Reino Visigodo. Alfonso I (739-757), noble casi con toda seguridad de origen godo y que poseía el título de Duque de Cantabria, que había contraido matrimonio con Ermesinda, hija de Pelayo, fue elegido Rey por los nobles y comienza con él la expansión del Reino de Asturias, aunque cometió el error de exterminar y destruir todo lo que conquistaba, con lo que se formó una amplia zona despoblada entre Asturias y Al-Andalus que tardaría años en poder ser repoblada.
Su
hijo Fruela I (757-768) le sucedió en 757, y tendrá que sufrir los
constantes ataques árabes a sus fronteras, de la mano de un fuerte
Abderraman I, que había logrado pacificar el territorio musulman.
Fundó la ciudad de Oviedo. Su mal carácter le llevó a enemistarse
con muchos nobles. En 768 asesinó personalmente a su hermano Vimarano,
al que acusaba de encabezar una conspiración para destronarlo, lo
que acabó de exasperar a los nobles que se encargaron finalmente de
asesinarlo en Cangas de Onís.
Nuevamente los nobles volvieron al estilo godo para escoger al Rey. Esta época es llamada la de "Los Reyes Holgazanes", quizás porque fue una época casi carente de luchas y de conquistas para el Reino. Aurelio (768 - 774), Silo (774 - 783), Mauregato (783 - 789) y Bermudo I "El Diácono" (789 - 791) fueron los cuatro monarcas a los que le cabe el dudoso honor de poseer tal apelativo. En esta época la capital del Reino se trasladó a Pravia (774). Bermudo I, que estaba dedicado a las tareas de la Iglesia cuando fue elegido Rey, tras sufrir una tremenda derrota contra los musulmanes a orillas del río Burbia, cerca de la actual Villafranca del Bierzo, abdicó del trono en Alfonso II, hijo de Fruela I, y vivió tranquilamente en Palacio, dedicado a sus tareas clericales, hasta su muerte en 798.
Alfonso
II "El Casto" (791-842) fue, sin dudas, la gran figura
del Reino de Asturias. A pesar de que su padre había sido asesinado
por los nobles y de que había sido expulsado del trono por Mauregato
la primera vez que fue proclamado Rey, no mantuvo deseos de venganza
contra los nobles que fomentaron estos actos y procuró atraerselos
desde los primeros días de su reinado. Al poco de tomar posesión
trasladó la capital a Oviedo, ciudad dotada de mejores comunicaciones
con el resto de los territorios. Mantuvo múltiples batallas contra
los árabes, con desigual suerte, aunque consiguió extender el Reino
por todas las zonas despobladas de los valles del Duero y del Ebro,
llegando incluso hasta Lisboa, ciudad que saqueó y en la que consiguió
un enorme botín. En 813 se descubrió cerca de Iria Flavia el sepulcro
del que se creyó que era el Apostol Santiago. Alfonso II mandó construir
un templo sobre la tumba y el lugar se convirtió en poco tiempo
en centro de peregrinación. Con los años, Compostela se convertiría
en el centro cultural y religioso de los Reinos de Asturias y de
León, adonde acudirían peregrinos de España y de toda Europa, y
la imagen del Apostol se convirtió en santo y seña de los ejércitos
cristianos. Alfonso II falleció sin descendencia en 842, siendo
enterrado en la Iglesia de Santa María.
Ramiro
I (842-852), hijo de Bermudo I "El Diácono", había sido
asociado al trono por Alfonso II y gobernaba en Galicia. A la
muerte de este fue elegido Rey por los nobles, aunque al encontrarse
en Bardulia (Castilla) para contraer matrimonio, un conde de nombre
Nepociano ocupó el trono. Enterado de ello, el Rey marchó sobre
Oviedo y consiguió derrotar al usurpador, que fue cegado y encerrado
de por vida en un Monasterio. Ramiro I tuvo que enfrentarse a
las invasiones normandas y a otras dos insurrecciones de dos nobles
llamados Aldroido y Piniolo, saliendo triunfante de todos estos
acontecimientos. Repobló León aprovechando las fuertes murallas
romanas que aún se mantenían en pie, pero los musulmanes atacaron
la ciudad y sus nuevos habitantes tuvieron que huir de nuevo hacia
Asturias, quedando la ciudad nuevamente abandonada durante bastantes
años. Ramiro I, se dedicó a engrandecer y embellecer la capital
del Reino, construyendo numerosas edificaciones, entre las que
cabe destacar la Iglesia de San Miguel de Lillo y el Palacio (posterior
Iglesia de Santa María) del Naranco, donde falleció en 850, heredando
el reino su hijo Ordoño I, con lo que se abandonaba definitivamente
la sucesión electiva al estilo visigodo para dar paso a la sucesión
hereditaria.
Ordoño
I (850-866) se aprovechó de las luchas intestinas en Al-Andalus
para extender los límites del Reino, repoblando nuevamente León
y otras ciudades como Astorga o Tuy, dando salida de esa forma
a la numerosa población que ya vivía en los territorios asturianos
y que empezaba a tener problemas de aprovisionamiento. Tuvo
que luchar no sólo con los musulmanes, sino también contra la
dinastía de los Banu Qasi, gobernantes en los territorios de
la futura Taifa de Zaragoza. El cabeza de esta familia, descendiente
de un noble visigodo o hispanorromano llamado Casio, se convirtió
al Islam y tomó el nombre de Musa I. Se dedicaba a guerrear
tanto contra los musulmanes como contra Ordoño I, según su conveniencia,
hasta que el monarca asturiano consiguió que Banu Qasi Lope
se le sometiera y abandonase sus correrías contra él. Ordoño
I tuvo que reprimir nuevas incursiones normandas, así como batallar
constantemente contra los musulmanes, que veían como algo peligroso
las repoblaciones y el ensanchamiento del Reino que el monarca
asturiano había comenzado. Los útlimos años de su vida estuvo
imposibilitado, posiblemente aquejado de gota, falleciendo en
Oviedo en 866.
Alfonso III "El Magno" (866-910) sucedió a su padre en la dirección del Reino a los dieciocho años y sus inicio de reinado fueron realmente tumultuosos. Antes de llegar a Oviedo desde Compostela, en donde se hallaba a la muerte de su padre, tuvo que refugiarse en Castilla para conseguir apoyo de los nobles para luchar contra el Conde de Lugo Froilán Bermúdez, que se había hecho proclamar Rey, aunque en pocos meses el traidor era asesinado y Alfonso III era coronado Rey en Oviedo. Inmediatamente tuvo que reprimir una revuelta de los vascones, fácilmente sofocada. A continuación fueron los árabes los que intentaron atacar las fronteras del Reino, pero Alfonso III los derrotó primero en las cercanías de León y posteriormente en El Bierzo. Supo aprovecharse de las desavenencias en los territorios de Al-Andalus para conseguir importantes compensaciones económicas y extender las fronteras del Reino más allá del Duero, repoblando importantes ciudades como Chaves, Braga, Oporto, Viseu, Coimbra, Castrojeriz y Burgos, así como fundar las ciudades fronterizas de Zamora, Toro, Simancas y Dueñas. Habiendo contraido matrmonio con Jimena, hija del Rey de Navarra García Jiménez, tuvo seis hijos: García, Ordoño, Fruela, Ramiro, Gonzalo y Sancha. El primero de ellos se había casado con Nuña, hija del Conde de Castilla Nuño Fernández, que fue el instigador de una conjura contra el Rey. Capturado García por su padre, su suegro Nuño provocó un levantamiento ayudado por Jimena, Ordoño y Fruela. Para evitar la guerra civil, Alfonso III puso en libertad a García y se retiró, junto a su esposa, a Zamora, donde moriría en 910, dividiendo el Reino entre sus tres hijos mayores. Desde ese momento el Reino de Asturias, engrandecido ya de forma majestuosa y con extensos territorios que gobernar, trasladará la capital a León y comenzará desde entonces a hablarse del Reino de León.
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A principios del siglo X, Alfonso III "El Magno" debe hacer frente a una rebelión provocada por sus hijos y por el Conde de Castilla Nuño Fernández (suegro del futuro García I). Para evitar la guerra civil, el Rey abandona la Corte y se traslada a Zamora, en donde fallece en 910. Se divide entonces el Reino entre sus tres hijos mayores, García I (León, Alava y Castilla), Ordoño II (Galicia) y Fruela II (Asturias).
Ordoño II (914 - 924) fue elegido Rey de León a la muerte de su hermano, aunque ya llevaba gobernando en Galicia desde 910, uniendo los dos Reinos bajo su mandato. Fijó su residencia definitiva en León. De temperamento mucho más fuerte que su hermano, fué, sin lugar a dudas, uno de los monarcas más grandes de la historia del Reino de León. Se dedicó prontamente a guerrear contra los musulmanes. Se alió con Sancho Garcés I de Navarra para combatir las aceifas que aquellos comenzaron a lanzar contra los Reinos Cristianos. El Califa Abderraman III, que había conseguido pacificar Al-Andalus, decidió poner fin a la alianza navarro-leonesa y mandó un potente ejército para devastar Pamplona. El Rey navarro solicitó la ayuda del leonés y este invitó a varios Condes de Castilla a que le siguieran en la empresa, pero estos se negaron. En Valdejunquera los cristianos fueron totalmente derrotados por los moros, aunque estos desistieron de seguir su avance ante el inmenso botín conseguido. Ordoño II mandó entonces reunir a los condes castellanos que no habían acudido a la lucha junto a él y los encerró en una carcel de León, nombrando Conde de Castilla a Fernando Ansúrez, leal al Rey. A pesar del fracaso anterior, Ordoño II siguió batallando contra los moros y tomó Nájera, que pasaría a la corona de su aliado Navarro.
En
el 924 la muerte le sorprende entre Zamora y León. Fue enterrado en
la antigua Catedral de la capital del Reino. Estuvo casado con su prima
Elvira (892), con la que tuvo seis hijos (Alfonso IV, Ramiro II, García,
Sancho, Jimena y Aurea), con Aragonta (922), dama gallega a la que repudió,
y con Sancha (923), hija del monarca navarro, buscando esa alianza que
mantuvo hasta su muerte.
Fruela II (924 - 925) fue nombrado Rey a la muerte de su hermano. Rey de Asturias desde 910, los nobles le eligieron como sucesor de Ordoño II para reunificar el territorio bajo una sóla corona. No inició ninguna incursión contra los musulmanes, limitándose a enviar tropas de ayuda al Rey navarro Sancho Garcés I cuando Abderraman III saqueó Pamplona, ciudad que fue arrasada. Se casó en primeras nupcias (911) con Nunilo Jimena, hija del Rey navarro y hermana de la última mujer de Ordoño II, con la que tuvo tres hijos; Ordoño, Alfonso y Ramiro. Tras su muerte, contrajo nuevo matrimonio con Urraca, hija de Muhammad Ben Lope, lo que le enemistó con el monarca navarro, rompiendo así la ya tradicional alianza existente entre ambos Reinos. Falleció en 925 según los cronistas de la época por causa de la lepra, aunque el motivo de su muerte nunca ha quedado muy claro. Alfonso Froilaz (925 - 926) fue un Rey desafortunado, de tal forma que ni siquiera se conserva un ordinal para su nombre. Sucedió a su padre, Fruela II, tras su muerte, pero inmediatamente se levantaron en armas contra él sus primos Alfonso y Sancho, hijos de Ordoño II y que pretendían tener más derecho al trono. Vencido, tuvo que refugiarse en la parte oriental de Asturias (las llamadas Asturias de Santillana) en donde siguió manteniendo sus pretensiones de Rey. En el año 932 es hecho prisionero junto a sus hermanos por Ramiro II, siendo cegado y encerrado en el Monasterio de Ruiforco, donde moriría unos años más tarde. No se le conoce ni matrimonio ni descendencia.- Alfonso IV "El Monje" (926 - 931) accedió al trono después de una guerra civil que se desató tras la muerte de Fruela II. Junto a su hermano Sancho (ambos hijos de Ordoño II) tuvieron que enfrentarse a Alfonso Froilaz, hijo del difunto Fruela II y que fue aclamado como Rey a su muerte. El futuro monarca estaba casado con Jimena o Iñiga (con la que tuvo un hijo, Ordoño IV), hija de Sancho Garcés I de Navarra, al que solicitó ayuda, rehaciéndose la alianza navarro-leonesa, venciendo a su oponente que se tuvo que refugiar en Asturias en donde mantuvo el título de Rey hasta 931. Tras la victoria, entregó a su hermano Sancho el Reino de Galicia, aunque su muerte en 929 sin descendencia incorporaba nuevamente este territorio a la Corona de León. Fue un Rey muy pacífico, con más inclinación hacia la vida religiosa que hacia la militar. Tras la muerte de su esposa (931) abdica de su corona y se lo entrega a su hermano Ramiro en Zamora ante los nobles, tras lo cual toma el hábito de monje e ingresa en el Monasterio de Sahagún. Sin embargo y por causas desconocidas, un año después abandona su retiro y se dirige a León, en donde vuelve a tomar el Reino bajo su mando aprovechando que el Rey se hallaba en Zamora. Enterado Ramiro II de ello, vuelve a la capital y la rinde, apresando a su hermano y encerrándolo en la prisión. Posteriormente fue trasladado a Ruiforco, donde moriría.
Ramiro
II (931 - 951) pasó entonces a Asturias, en donde Alfonso Froilaz
y sus hermanos Ordoño y Ramiro habían aprovechado las luchas entre
los dos hijos de Ordoño II para intentar recuperar el trono leonés.
Son vencidos y trasladados a León, siendo encerrados en la misma prisión
que Alfonso IV. Posteriormente los cuatro son cegados y trasladados
a Ruiforco, en donde permanecerán recluidos hasta su muerte. Con ello
se conseguía reunir de nuevo bajo una sola corona a todos los territorios
leoneses.
Casado en primeras nupcias con Adosinda Gutiérrez, hija de un noble gallego, con la que tuvo un hijo, Ordoño III. Hombre de gran empuje guerrero, mantuvo la alianza con Navarra al casarse posteriormente con Urraca Teresa, otra hija de Sancho Garcés I de Navarra, con la que tuvo a Elvira, Teresa, Sancho I y Velasquita. Mantuvo multitud de enfrentamientos con Abderraman III. Arrasó Madrid y Talavera y derrotó a los moros en Osma (933) pero fue derrotado al año siguiente también en Osma, sufriendo la destrucción de varias fortalezas, entre ellas la de Burgos. Sin embargo en 939 consiguió destrozar en la batalla de Simancas a un ejército musulman en el que el descontento de los nobles árabes por el trato que recibían del Califa les hicieron abandonar el campo de batalla y ser casi exterminados por los cristianos. Incluso el propio Abderraman III estuvo a punto de ser capturado, regresando a Córdoba tan sólo con 49 hombres. Esto permitió a Ramiro II llevar la frontera leonesa hasta el Rio Tormes. En el año 943 tuvo que encerrar al Conde de Castilla, Fernán González, por levantarse contra la Corona en su deseo de separar a Castilla de León. Sin embargo en 945 y acuciado por la necesidad de alianzas, le devuelve la libertad y, además, casa a su hijo Ordoño con la hija del Conde, Urraca. En los años siguientes, fueron muchas las razzias y aceifas lanzadas por ambos bandos. Ramiro II falleció en 951 en León, aunque durante sus últimos meses de vida era su hijo el que gobernaba en el Reino, ya que su ya delicada salud le había hecho abdicar en él. Fue enterrado en la Iglesia de San Salvador de León.
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Ordoño
III (951-955) fue un Rey prudente y un hábil estratega. Sin
embargo tuvo que enfrentarse durante su reinado no sólo a
los musulmanes sino también a su hermanastro Sancho I, que
intentaba conseguir el trono. Este consiguió convencer a su
tío, García Sanchez I de Navarra y al Conde de Castilla Fernán
González (curiosamente suegro del Rey) para marchar contra
León. Sin embargo
Aprovechando un viaje a Galicia para sofocar una rebelión que allí se había producido, bajó por la Lusitania y llegó hasta Lisboa, a la que saqueo. Abderraman III respondió con numerosos ataques por Castilla, obligando al Conde Fernán González a tener que aliarse de nuevo con el monarca leonés. Este, al haber sido rota ya la tradicional alianza que unía a navarros y a leoneses, intenta conseguir una tregua con Al-Andalus, cosa que es aceptada de buen grado por el Califa cordobés. Sin embargo en 955 le sorprendió la muerte en Zamora cuando se disponía a ir a firmar ese tratado con los musulmanes. Sus restos fueron trasladados a León y enterrados junto a los de su padre en la Iglesia de San Salvador.
Sancho
I "El Gordo" (955 - 958) y (960 - 965) consiguió
por fin acceder al trono ayudado por los nobles. Sin embargo
intentó desde el principio quebrantar el poder de estos,
lo que provocó que rapidamente perdiera los apoyos con los
que contaba, llegando incluso a ser menospreciado por la
excesiva gordura que padecía y que le impedía montar a caballo
y manejar las armas, siendo incluso ayudado para andar.
El nuevo monarca decidió no ratificar el tratado de paz
al que habían llegado Abderraman III y Ordoño III, con lo
que los musulmanes en represalia infringieron una tremenda
derrota a los cristianos en una rápida aceifa que resultó
humillante para el Rey leonés.
En el 958 el Conde Fernán González, otrora aliado suyo, fomentó una conspiración para colocar en el trono a su yerno Ordoño IV, al que había casado con su hija Urraca cuando esta quedó viuda de Ordoño III. Derrotado, Sancho I se refugia junto a su abuela Toda Aznárez y su tío García Sánchez I en Pamplona. Estos le ayudarán a recuperar el trono leonés, aunque para ello han de pactar con Abderraman III y rendirle pleitesía, ya que Navarra no era lo suficientemente fuerte como para enfrentarse sola a León. Tratado por un médico árabe, perdió los kilos que le sobraban hasta convertirse en una persona ágil y fuerte. Entonces marchó sobre León con un ejército musulman, obligando a Ordoño IV a abandonar el trono y a refugiarse en Asturias, pero por poco tiempo ya que los asturianos se sometieron a Sancho I de inmediato. En el año 960 todo León estaba de nuevo bajo su mandato.
Tras
la muerte de Abderraman III (961) tanto el Rey leonés
como el navarro intentaron olvidarse de lo pactado con
Al-Andalus. Sin embargo el nuevo Califa Al-Hakam II exigió
la entrega de las diez fortalezas acordadas. Temeroso
de que Ordoño IV pudiese recibir ayuda del Califa de la
misma forma que la recibió él, Sancho I promete cumplir
las condiciones. Pero la muerte de Ordoño IV hará que
el Rey leonés incumpla el tratado, por lo que Al-Hakam
II declara de nuevo la guerra a León, infringiendo grandes
derrotas a los cristianos y obligándoles a firmar la paz.
Posteriormente el Conde Gonzalo Sánchez se levanta en
armas en Galicia. Hacia allí acude el Rey para sofocar
la rebelión. Durante una entrevista con el Conde este
le da a comer unas frutas envenenadas. Sitiéndose con
las fuerzas minadas, Sancho I ordena que le lleven a León,
pero muere en Castelo de Miño. Trasladados sus restos
a León fue enterrado en la Iglesia de San Salvador junto
a su padre Ramiro II y su hermano Ordoño III. Estuvo casado
con Teresa Ansurez, de la que tuvo tres hijos: Ramiro
III, Urraca y Ermesinda.
Ordoño
IV "El Malo" (958 - 960), que se había casado
con la hija del Conde de Castilla Fernán González, fue
desde el primer día enemigo de Sancho I. Aprovechando
el descontento existente entre la nobleza y el Rey se
fraguó una conspiración que elevó al hijo de Alfonso
IV al trono. Este era vil y perverso (de ahí su sobrenombre),
además de algo jorobado. Casi no se sabe nada de su
corto mandato. Sólo que se enemistó con sus vasallos
y que cuando Sancho I volvió para recuperar el trono
tuvo que huir y refugiarse en Asturias, de donde fue
expulsado. Refugiado en Burgos, perdió el apoyo del
Conde Fernán González cuando este, preso de los navarros,
prestó juramento de obediencia a Sancho I. Tuvo que
salir de Burgos y abandonar a su mujer. Pidió refugio
en Al-Andalus, donde quiso conseguir que los musulmanes
le ayudasen a recuperar el trono. Sin embargo, una vez
que Sancho I prometió al Califa cumplir con lo anteriormente
pactado, este se olvidó de Ordoño IV. Murió en Córdoba
en el año 962.
Ramiro
III (965 - 985) subió al trono a la edad de 5 años.
Su tutela y la regencia fueron asumidas por dos monjas,
su tía Elvira Ramírez, hija de Ramiro II, y su madre
Teresa Ansurez, que tomó los hábitos a la muerte de
su esposo. La primera fue la auténtica Reina durante
la minoría de edad del Rey. Ratificó el tratado de
paz con Al-Hakam II e hizo frente a una invasión Normanda
en las costas de Galicia. La subida al poder en Córdoba
de Hixem II, de tan sólo 11 años, dió paso a una de
las etapas más oscuras del Reino de León. El Califa
se vió dominado por su visir Ibn Abi Amir y que con
el tiempo sería conocido y temido en todos los Reinos
cristianos por el nombre de Almanzor. Este llevó al
Califato a su máximo poder y esplendor y construyó
un formidable ejército con el que se dedicó a asolar
las tierras del Norte. Venció a los ejércitos leoneses
en todas las batallas en las que se enfrentaron. Ramiro
III, ya mayor de edad y casado con Sancha, de la que
no tuvo descendencia, intentó restaurar una especie
de monarquía absolutista, lo que unido a las continuas
derrotas frente a los moros hizo que los nobles se
sublevaran y eligieran Rey al hijo bastardo de Ordoño
III, Bermudo II. Este solicita la ayuda de Almanzor,
lo que inclina la balanza a su favor. Ramiro III moría
en 985, dejando el campo libre a su rival para sucederle
en el trono.
Bermudo II "El Gotoso" (985 - 999), llamado así por padecer de gota, tuvo que soportar que, tras su victoria sobre Ramiro III, el ejército de Almanzor se quedara como fuerza de ocupación en territorio leonés, hasta que en 987, cansado de aguantar desmanes y tropelías, los expulsa violentamente. La respuesta de Almanzor no se hace esperar y devastó Coimbra. Siguió hacia el Norte y sitió y arrasó León, a pesar del enorme arrojo y esfuerzo que en su defensa hizo el Conde gallego Gonzalvo González. Posteriormente se dirigió hacia Zamora, donde estaba refugiado el Rey, que tuvo que huir hacia Lugo, y también la arrasó. En el 996 llegaba hasta Astorga y se apoderaba de la plaza. En el 997 saqueaba Santiago de Compostela y todos los territorios que encontró a su paso desde Viseu, lugar de partida de su ejército. Se llevó a Córdoba las campanas y las puertas de madera de la Basílica, aunque respetó el sepulcro del Apostol, pero la ciudad fue sometida al saqueo, lo que le llevó a conseguir un enorme botín. Bermudo II se vió obligado a pedir la paz, ya que tanta destrucción había hecho desaparecer toda su autoridad, de tal forma que los nobles llegaban incluso a apoderarse de sus tierras. En el 999, agravada su dolencia de tal forma que ya no podía cabalgar y tenía que ser llevado por porteadores, moría en Villanueva, un pequeño pueblo del Bierzo, siendo enterrado en el Monasterio de Carracedo primero y en la Catedral de León después. Estuvo casado con Velasquita, hija de Ordoño IV, con la que tuvo a Cristina. Posteriormente se casó con Elvira, hija del Conde de Castilla García Fernández, con la que tuvo tres hijos: Alfonso V, Teresa y Sancha. De sus concubinas (que se creen que eran hermanas) tuvo también dos hijos bastardos, Elvira y Pelayo.
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Alfonso
V "El Noble" (999 - 1.028) accedió al trono a la
edad de 5 años, estando la regencia en manos de su madre Elvira
García y del Conde gallego Menendo González. Su reinado coincidió
con los últimos años de vida de Almanzor, que aún derrotó
a los ejércitos cristianos en Peña Cervera, saqueando posteriormente
las comarcas de Burgos y de Pamplona. En el 1.002 moría el
caudillo árabe, lo que supondrá un tremendo respiro para los
Reinos cristianos. Hubo multitud de enfrentamientos contra
Abd-Al-Malik, hijo de Almanzor, pero la muerte de este en
1.008 y la toma del poder por su hermano Abderraman "Sanchuelo",
unido a la temprana mayoría de edad de Alfonso V (motivada
por el asesinato del Conde Menendo González) hizo que el Reino
de León se fuera recuperando de los tremendos años anteriores.
En 1.017 reunió a los nobles y magnates en Curia Plena, de donde saldrían los Fueros de León. Hizo frente a una nueva invasión de Normandos y a las ansias expansionistas del Conde de Castilla Sancho García, finalizadas con su muerte. La tensión existente con Navarra por los territorios limítrofes se vió apaciguada por su matrimonio con Urraca, hermana de Sancho Garcés III, con la que tuvo a Bermudo III, Sancha y Jimena. Apaciguado el Reino, intentó retomar las luchas contra los árabes, pero murió en el sitio de Viseu en Julio de 1.028 alcanzado por una flecha enemiga, ya que debido al enorme calor reinante, el monarca no llevaba puesta ninguna coraza protectora, lo que le permitió ser blanco fácil para los musulmanes. Bermudo III (1.028 - 1.037) alcanzó el trono con 11 años, coincidiendo con la época de mayor esplendor del Reino de Navarra. En esta época ocurrió un suceso que iba a marcar el futuro del Reino. En 1.029 el Conde de Castilla García Sánchez acudió a León para contraer matrimonio con Sancha, hermana del Rey. Ya en la capital del Reino fue atacado y asesinado por la familia de los Vela, que vengaban de esta forma una antigua afrenta realizada por el padre de García Sánchez. Al morir este sin dejar descendencia, el Rey navarro invadió sus territorios en nombre de su mujer Munia, hermana del asesinado castellano. Asimismo Sancho Garcés III persiguió y ejecutó a los Vela, según él para vengar la muerte del noble castellano, aunque es más que probable que fuera para no dejar testigos que pudieran inculparle, ya que es más que probable que él mismo fuese el principal instigador de todos estos sucesos con la intención de inmiscuirse aún más en la política leonesa y de hacerse con el Condado de Castilla, que posteriormente cedería a su hijo Fernando I, que lo convertiría en Reino.
Bermudo
III, alcanzada la mayoría de edad en 1.032, intentó recuperar
los territorios en poder del navarro, pero no le fue posible.
Para solucionarlo se unió en matrimonio a su hermana Sancha
con el futuro Fernando I, hijo del Rey navarro. Sin embargo,
Sancho Garcés III, sin causa justificativa alguna, atacó
los territorios de Bermudo III, apoderándose de Astorga
y de León y obligando al Rey a refugiarse en Galicia. La
muerte del monarca navarro le permitió recuperar León. En
1.037 quiso también recuperar los territorios entre el Cea
y el Pisuerga, en poder de Fernando I, ya que este había
elevado el Condado de Castilla a la categoría de Reino,
algo que el Rey Leonés no estaba dispuesto a permitir, ya
que eso significaba de hecho la perdida definitiva de estos
territorios. Fernando I solicitó la ayuda de su hermano,
García Sánchez III de Navarra, y presentaron batalla al
Rey Leonés en el valle de Tamarón. Bermudo III se lanzó
a la batalla intentando encontrar al nuevo Rey de Castilla,
pero se descuidó y se adentró en las filas castellanas,
siendo abatido por las lanzas enemigas. Con él finalizaba
la línea varonil directa que se remontaba a los tiempos
de Don Pelayo y el trono pasó a poder de su hermana Sancha.
Fernando
I "El Magno" (1.037 - 1.065) accedió al trono
leonés por su matrimonio con Sancha, heredera del Reino
a la muerte de su hermano Bermudo III. Asimismo elevó
a Castilla a la categoría de Reino. Se dedicó a pacificar
el territorio y a consolidar su posición en León, ayudado
por las luchas internas de los Reinos de Taifas. A pesar
de que su primer Reino fue el de Castilla y de que él
era navarro de nacimiento, siempre se sintió Rey de León
y uno de sus mayores afanes fue el consolidar la política
interior. Se adaptó a los usos y tradiciones leonesas
y en 1.055, durante el Concilio de Coyanza, confirmó los
Fueros de León instaurados por Alfonso V, lo que eliminó
para siempre los recelos que se tenían sobre él. Su legislación
está inspirada en la "Lex Romana Visighotorum",
el Fuero Juzgo de los leoneses, y siempre celebró sus
concilios y sus curias regias en territorio leonés.
Las
ansias expansionistas de su hermano García Sánchez III
de Navarra les llevó a enfrentarse varias veces. La
batalla de Atapuerca significó la derrota del ejército
navarro, perdiendo la vida el propio Rey, y el final
de la hegemonía navarra. Sancho Garcés IV, hijo del
finado, fue proclamado Rey de Navarra en el mismo campo
de batalla, pero tuvo que rendir homenaje a Fernando
I. Llegó pues el momento de volver a luchar contra los
musulmanes, logrando en diferentes campañas hacer tributarios
de León a las taifas de Zaragoza, Toledo, Badajoz, y
Sevilla, de donde llevó hasta León el cuerpo de San
Isidoro, levantando una Iglesia en su honor. Sitió Valencia,
pero al sentirse enfermo regresó a León, en donde falleció
el 27 de Diciembre de1.065, siendo enterrado en la Iglesia
de San Isidoro. Repartió el Reino entre sus hijos, recibiendo
Sancho II, Castilla; Alfonso VI, León; para García fue
Galicia y Urraca y Elvira recibieron el señorío de todos
los monasterios de los Reinos.
Alfonso
VI "El Bravo" (1.065 - 1.109) tuvo que enfrentarse
desde muy pronto con los deseos expansionistas de
su hermano Sancho II de Castilla. La paz solo duró
mientras vivió su madre, la Reina Sancha, pero tras
su muerte comenzaron las disputas. Despojado García
del Reino de Galicia, los dos hermanos se enfrentaron
en Golpejera (1.072), venciendo el castellano y encarcelando
a su hermano en Burgos, aunque este posteriormente
consiguió refugiarse en la Taifa de Toledo. A pesar
de ser coronado Rey en León, los nobles leoneses jamás
aceptaron a Sancho II como legítimo monarca y, con
Pedro Ansurez y la Infanta Urraca a la cabeza, prepararon
la rebelión contra él. Enterado de estos planes, marchó
contra Zamora para acabar con la resistencia, pero
allí encontró la muerte. Inmediatamente Alfonso VI
vuelve al Reino y es nombrado Rey de León y de Castilla.
La épica nos cuenta que tuvo que jurar su inocencia
en la muerte de su hermano Sancho II en Santa Gadea
ante los castellanos, comandados por Rodrigo Díaz
de Vivar "El Cid Campeador", aunque este
episodio es casi seguro que jamás existió, ya que
es totalmente imposible que en la época medieval un
infanzón como El Cid osara realizar tamaña ofensa
a un Rey sin que ese acto le costase la vida instantaneamente.
Todos estos sucesos fueron aprovechados por García para recuperar el trono gallego, pero al año siguiente, en 1073, es nuevamente depuesto y encarcelado de por vida en el castillo de Luna, en donde falleció en 1090. Con ello Alfonso VI volvía a reunir todo el territorio bajo un sólo trono. En 1.076, tras la muerte del monarca navarro consiguió recuperar los territorios de Alava, Vizcaya, Guipuzcoa y la Bureba, adoptando en 1.077 el título de Emperador. Lanzó ofensivas contra las taifas de Granada, Córdoba, Valencia y Toledo, conquistando esta histórica ciudad en 1.081. Esto propició la entrada en España de los almorávides, que vencieron a los leoneses en la batalla de Zalaca (1.086). El Cid contuvo el avance de aragoneses y catalanes en Levante, obligando a las taifas de Murcia y Almería a pagar tributos. Los almorávides, entonces, decidieron la conquista de Al-Andalus, apoderándose de las taifas de Granada, Málaga, Jaen, Murcia y Denia. Sitiaron varias veces Toledo, pero siempre se resistió. Tras la muerte del Cid en 1.099 y viendo la imposibilidad de defender Valencia, Alfonso VI la abandona. En 1.104 sitió y rindió la ciudad de Medinaceli, con lo que la presión sobre Toledo disminuyó, aunque nunca pudo inclinar a su favor el equilibrio perdido en la batalla de Zalaca. Tuvo 5 esposas y varias amantes, aunque no pudo conseguir tener un descendiente varón que le sobreviviera, ya que su único hijo Sancho Alfónsez falleció en la batalla de Uclés (1.108). Planeó la boda de su hija Urraca, heredera del trono leonés, con Alfonso I de Aragón para unir ambos Reinos en la persona de su hijo, aunque no pudo llegar a ver esa boda, ya que en 1.109, siendo ya anciano, fallecía en Toledo esperando el ataque de los almorávides. Fue enterrado, según sus deseos, en el Monasterio de Sahagún (León), en donde reposa desde entonces el que fue, sin lugar a dudas, el más grande de todos los Reyes de León.
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Urraca
(1.109 - 1.126) estuvo casada con Raimundo de Borgoña, con
quien tuvo un hijo, Alfonso Raimúndez. Tras morir aquel, contrajo
matrimonio contra su voluntad con Alfonso I de Aragón por
deseo de su padre, Alfonso VI. La tardanza en tener un hijo
levantó toda serie de intrigas contra esta alianza, consiguiendo
que el papa Pascual II anulase este matrimonio por el parentesco
existente (primos segundos) entre los cónyuges. Además los
dos tenían un carácter muy distinto con lo cual chocaban constantemente,
sin importarles mucho los beneficios futuros de la unión de
ambos Reinos. Tras la anulación papal, Urraca decidió separarse
del aragonés, lo que dió paso a una nueva guerra civil entre
los partidarios del aragonés, los de la Reina Urraca y los
de Alfonso Raimúndez. Al final, después de múltiples pactos
y negociaciones (incluyendo una reconciliación) Alfonso I
repudió a la Reina Urraca y se retiró a Aragón.
Siguieron
las luchas internas, ahora con el Condado de Portugal y
con Galicia, en donde tuvo gran importancia el Obispo Gelmírez
con el que tuvo la Reina momentos de acercamiento y momentos
de luchas. Asimismo mantuvo tensas relaciones con su hermanastra
Teresa y su marido Enrique de Borgoña, Condes de Portugal,
que hacían y deshacían en su territorio sin importarles
en demasía que este perteneciera al Reino de León. Además
tuvo también que luchar contra los almorávides que arrebataron
algunas plazas del territorio leonés, aunque la ayuda de
las tropas aragonesas y catalanas evitó que el expolio fuera
mayor. El 8 de Marzo de 1.126 moría Doña Urraca, parece
ser que de parto, en el castillo de Saldaña. Inmediatamente,
el día 10 de Marzo, su hijo Alfonso Raimúndez entraba en
León y se proclamaba Rey con el nombre de Alfonso VII.
Alfonso
VII "El Emperador" (1.126 - 1.157) tenía 20
años cuando comenzó su reinado. Inmediatamente firmó el
pacto de Támara con Alfonso I de Aragón, aunque este no
pensaba ni cumplirlo ni, por supuesto, devolver las plazas
que había tomado en Castilla. Así cuando Alfonso VII contrajo
matrimonio (1.128) con Berenguela, hija del Conde de Barcelona
Ramón Berenguer III, esta tuvo que viajar por mar hasta
un puerto del Cantábrico ante la imposibilidad de atravesar
territorio aragonés. En 1.132 sofocó la rebelión del Conde
asturiano Gonzalo Peláez. La muerte de Alfonso I de Aragón
le permitió recuperar los territorios castellanos que
tanto ansiaba, así como conquistar Nájera y Zaragoza.
El
26 de Mayo de 1.135 se hizo coronar "Emperador"
en León, en un acto al que acudieron todos los Reyes
hispanos para tributarle vasallaje. La no asistencia
del Conde de Portugal, Alfonso Enriquez, propició las
luchas entre los dos territorios. El portugués, a pesar
de contar con el apoyo de García Ramírez IV de Navarra,
tuvo que rendir obediencia al leonés, cosa que nunca
tuvo intención de cumplir, ya que acabó proclamando
la independencia del Reino de Portugal. Alfonso VII
se dirigió entonces hacia Pamplona y la conquistó, obligando
al monarca navarro a pedir la paz. En 1.147 arrebató
a los musulmanes la plaza de Almería, pero la llegada
a la península de los almohades cambió el signo de la
lucha. En 1.157, regresando de ver como estos reconquistaban
Almería sin poder evitarlo, contrajo unas fiebres que
le llevaron a la muerte. De su matrimonio con Berenguela
nacieron Sancho III de Castilla, Fernando II de León,
García, Alfonso, Constanza, que se casó con Luis VII
de Francia, y Sancha, que hizo lo propio con Sancho
IV de Navarra. En 1.149 moría Berenguela y Alfonso VII
se casó con Rica, hija de los Condes de Polonia, con
la que tuvo a Sancha y a Fernando. La muerte del "Emperador"
supuso una nueva separación entre los Reinos de León
y de Castilla.
Fernando
II (1.157 - 1.188) se apresuró a ir hacia León en
cuanto conoció la muerte de su padre, temeroso de
que su hermano Sancho III le arrebatase el Reino.
En 1.158 se entrevistaron ambos en Sahagún y se comprometieron
a respetar los límites de cada Reino. La prematura
muerte, ese mismo año, del Rey castellano complicó
el orden en Castilla, de tal forma que el Rey leonés
tuvo que intervenir, siendo reconocido por los castellanos
como regente de su sobrino Alfonso VIII, menor de
edad. Firmó la paz con Alfonso II de Aragón, con Sancho
IV de Navarra y con Alfonso I de Portugal, con el
que pactó su boda con Urraca, hija del luso, de la
que nació el futuro Alfonso IX. Se pudo dedicar entonces
a guerrear contra los musulmanes y conquistaba Alcántara,
así como de nuevo contra los portugueses, a los que
derrotó en dos ocasiones en Badajoz. En 1.174 los
almohades recuperaban todo lo que les había quitado
Fernando II salvo Ciudad Rodrigo, y en 1.177 el leonés
realizaba una incursión por Sevilla de la que volvía
cargado con un gran botín.
Enfrentado entonces a Alfonso VIII de Castilla, ambos monarcas firman la paz de Fresno-Lavandera (1.183) por la que se reconocen los límites de sus Reinos. Intentó entonces conquistar Cáceres, pero en 1.184 tuvo que levantar el sitio ante la llegada de un fuerte ejército almohade. Este, liberada la plaza, se dirigió hacia Santarem, en donde fue derrotado por los ejércitos de los leoneses y de los portugueses. El 22 de Enero de 1.188 moría Fernando II en Benavente, siendo enterrado en Santiago de Compostela. Casado con Urraca, en 1.175 tuvieron que separarse al anular el Papa Alejandro III el matrimonio por razón de parentesco. En 1.178 se casó con Teresa, hija del Conde Fernando Pérez de Traba, enviudando a los dos años. Volvió a casarse (1.187) con Urraca López de Haro, que era su amante desde 1.183 y con la que tenía dos hijos, Sancho y García. Esta intentó colocar a su hijo Sancho en el trono, por lo que intrigó de tal forma que a punto estuvo de provocarse una guerra civil. Alfonso IX, evitando males mayores, marchó junto a su abuelo a Portugal hasta la muerte de su padre.
Alfonso
IX (1.188 - 1.230) regresó a León inmediatamente
que conoció la muerte de su padre, donde se le reconoció
como Rey. Como aún continuaban las intrigas a favor
de Sancho, convocó en 1.188 una Curia Regia con
la particularidad de que, además de la Nobleza y
el Clero, reunió a los representantes de las ciudades,
convirtiéndose las Cortes de León en las Primeras
Cortes Democráticas de Europa, de donde salió la
Carta Magna Leonesa. En 1.195 muere Sancho despedazado
por un oso en una cacería, con lo que se acaban
las intrigas palaciegas contra el trono.
Alfonso IX tuvo que rendir vasallaje ante Alfonso VIII, lo cual le pareció humillante y le hizo engendrar un gran rencor que sería la causa de las posteriores disputas entre ambos monarcas. Contrajo matrimonio con Teresa, hija de Sancho I de Portugal, con la que tuvo tres hijos: Sancha, Dulce y Fernando, que murió en 1.214 sin dejar descendencia. Este matrimonio fue anulado por el Papa Calixto III (1.194) por el parentesco que les unía, ya que eran primos. Ese mismo año firmó con Alfonso VIII un tratado que ninguno de los dos pensaba cumplir. La derrota del castellano en Alarcos (1.195) al no acudir el leonés con sus tropas, provocó unos años de enfrentamientos que finalizaron cuando Alfonso IX contrajo matrimonio con Berenguela, hija de Alfonso VIII. Esta boda tuvo lugar en Octubre de 1.197 y de ella nacerían Fernando III, Leonor, Constancia y Berenguela. El Papa Inocencio III anuló también este matrimonio, con lo que los conyuges se separaron. Alfonso IX tuvo también amores con Teresa Gil, de la que tuvo cuatro hijos. Renunció a participar en la Batalla de las Navas de Tolosa (1.212) pero sí colaboró con Castilla en otras luchas contra los almohades.
La
muerte de Alfonso VIII (1.214) y la de su hijo
Enrique I (1.217) hicieron que se proclamara Reina
de Castilla a Berenguela, la cual inmediatamente
renunció en favor de Fernando III. El Rey leonés
intentó entonces arrebatarle a su hijo los territorios
castellanos para unir ambos Reinos en uno sólo,
pero fracasó a las puertas de Burgos. El 26 de
Agosto de 1.218, padre e hijo sellaban en Toro
una paz definitiva, centrándose desde entonces
los esfuerzos de Alfonso IX en la lucha contra
los almohades. En 1.127 conquista Cáceres y en
1.129 se apoderó de Montanchez, Mérida, Badajoz
y Elvas, dejando abierto el camino hacia Sevilla.
El 24 de Septiembre de 1.230 fallecía en Villanueva
de Sarria, dejando como una de sus mejores obras
la creación de la Universidad de Salamanca. Legó
el Reino a sus hijas Dulce y Sancha, pero estas
se lo entregaron a Fernando III a cambio de una
fuerte compensación económica, con lo que los
Reinos de León, Asturias, Galicia y Castilla quedaban
de nuevo unidos, esta vez definitivamente.
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La nueva unión
de los Reinos de León y de Castilla fue muy diferente a las
anteriores. Esta vez el reino castellano había crecido
y había alcanzado ya una madurez que no tenía en los siglos
precedentes. Asimismo, el Rey Fernando III, a pesar de ser
hijo del Rey de León Alfonso IX, había crecido al amparo de
su madre, la Reina Berenguela, y había recibido la influencia
castellana, y no la leonesa, y finalmente hay que dejar constancia
que la extensión de ambos reinos ya era tal que León quedaba
muy lejos de los frentes de lucha contra los musulmanes. De
la misma forma en que Oviedo dejó de ser el centro del reino
asturleonés por la expansión del mismo, León fue abandonada
como capital del Reino por la misma razón.
Tanto Fernando III como su hijo Alfonso X dedicaron todos sus esfuerzos en conquistar la zona sur de la Península, así como en consolidar las fronteras adquiridas. León, pues, quedaba muy lejos de una corte itinerante y que pasaba la mayor parte del tiempo guerreando en el sur, de tal forma que el propio Fernando III llegó a fijar su residencia en la ciudad de Sevilla.
En
1284, Sancho IV y su esposa María de Molina establecen la
capital del Reino en Valladolid, desplazando ya de forma
definitiva a León como centro del mismo. El declive de la
ciudad y de todo el territorio será ya inapelable, de tal
forma que al propio Reino se le acabará llamando solamente
Reino de Castilla, olvidando totalmente el nombre de León
que sí se usó en los primeros años de la unión.
En la actualidad, esta unión del siglo XIII es usada en pleno siglo XXI con fines políticos por los partidarios de eliminar todo resto de la cultura y la identidad leonesa, de tal forma que León es la única región histórica a la que se le niega sistemáticamente el derecho a la autonomía. Unas razones que pretenden justificar la actual comunidad autonónoma de Castilla y León en base a esta unión, pero olvidando sospechosamente que otras regiones como Galicia, Asturias, Extremadura, La Rioja, Cantabria, Madrid, y parte de Castilla-La Mancha y de las Vascongadas también formaban parte de esos dos Reinos, y sin embargo sí han tenido derecho a su propio autogobierno. De todas formas e intenten lo que intenten, León siempre mantendrá su cultura y sus tradiciones, como así querrían los Reyes Leoneses si estuvieran entre nosotros en la actualidad. |