Por las tierras del Oza, en el Valle del Silencio se oyen aún
el rumor de los pasos y los rezos de Valerio, de Fructuoso, de Genadio,
santos de otro tiempo que encontraron aquí un lugar más
cerca del cielo. Partiendo de Ponferrada ha de visitarse Santa María
de Vizbayo en Otero, iglesia románica del siglo X y Santo Tomás
de las Ollas en el pueblo del mismo nombre, magnífico ejemplo
del mozárabe. Campo, Villar y Salas de los Barrios son otros
tres lugares dignos de atención por su arquitectura civil y
religiosa. En Montes de Valdueza encontramos el Monasterio de San
Pedro. Tiene su origen en el siglo VII. Pese a su estado, el conjunto
ofrece un aspecto impresionante. En Peñalba de Santiago, se
encuentra un conjunto de arquitectura popular, único. En el
centro del pueblo se encuentra su iglesia, joya del arte mozárabe
y restos de un antiguo monasterio. Muy
cerca se abre el Valle del Silencio y la cueva de San Genadio, a la
que se retiraba el Santo buscando la soledad. En
Santo Tomás de las Ollas, a la entrada de
Ponferrada, viniendo desde Madrid, se halla un interesante templo
mozárabe del siglo X del que se conserva el ábside,
unido hoy a una nave rectangular de fecha posterior. Se accede por
una portada románica del siglo XIII. La cabecera mozárabe
es sorprendente. Desde la nave entramos, por un doble arco de herradura,
a una singular construcción de planta ovalada, no de herradura,
en su interior pero rectilínea por fuera; cerrada con bóveda
de cascos, de tipo lombardo, sin gallones, que descansa sobre las
claves de nueve arcos de herradura ciegos, construidos sobre pilastras
monolíticas de granito, con zócalo y capiteles lisos.
Por encima de esta arquería corre una imposta de la que arranca
la bóveda.
En Villar
de los Barrios se entra por la ermita del Cristo, edificio
barroco, reformado en 1.830, de una sola nave con bóveda
de cañón y cúpula sobre pechinas. Buena fachada
de granito e interesantes imágenes en su interior: un Cristo
del XIV, una inmaculada de la escuela de Gregorio Fernández
y un Cristo yacente del siglo XVII.
Hay en el pueblo
numerosas casonas blasonadas, signo de la riqueza que el vino
proporcionó a sus familias hidalgas en los siglos de la
Edad Moderna.
Merece la pasear
por sus calles hasta la iglesia parroquial de Santa Colomba (s.
XVIII), de una sola nave con planta de cruz latina, bóveda
de cañón con lunetos y cúpula sobre pechinas.
A la altura de la
ermita del Cristo seguimos la carretera a Salas de los
Barrios, con viejas casonas hidalgas, en el que podremos
ver la iglesia parroquial de San Martín, situada en el
camino a Lombillo y la capilla de la Visitación.
La iglesia parroquial,
aunque de origen medieval, fue rehecha totalmente en el siglo
XVI. Es de tres naves separadas por columnas, cubiertas por bóvedas
de arista, crucería y estrelladas.
En el primer cuerpo
de la torre, hueco, se conserva una portada románica. El
retablo, también del XVI, es obra de Nicolás de
Brujas.
La capilla de la
Visitación, construida a mediados del siglo XVI, es de
una sola nave. En las obras, así como en sus diversos retablos
trabajaron Nicolás de Brujas y otros maestros canteros
y ensambladores.
- Campo
se encuentra a 3 km.
de Ponferrada, conserva varias casonas y edificios de interés
como el de la capilla de la escuela fundada en el siglo XVIII
por el marqués de Campoalegre.
A las afueras del
pueblo, sola sobre un altozano rodeado de olivos, se sitúa
la iglesia parroquial (s. XVII) de tres naves separadas por pilares
y arcos de medio punto, y cubiertas con bóvedas de cañón.
- Son interesantes la portada de poniente,
con arco de medio punto sobre pilastras, rematada en frontón
con hornacina; y la torre.
Los orígenes
del monasterio de San Pedro de Montes se remontan
al siglo VII. A finales del IX lo restaura San Genadio, consagrando
su iglesia en el año 919. Durante el siglo XI, Montes se
convierte en un poderoso cenobio, con propiedades en el Valle
de Valdueza, el Bierzo, Cabrera, Valdeorras, etc. Es entonces,
ya benedictino, cuando se restaura nuevamente el edificio, trabajo
que todavía continuaba durante el abadiato de don Munio
(1.165-1.169).
Después de
la crisis que vive el mundo monástico en la Baja Edad Media,
Montes se integra en la congregación benedictina de Valladolid.
Hacia finales del siglo XVI completa la cerca monástica
y después se fue poco a poco ampliando y enriqueciendo
hasta la exclaustración.
A mediados del siglo
XIX sufrió un horroroso incendio que precipitó la
ruina del edificio abandonado.
La iglesia, que es
lo que mejor se conserva del monasterio, mantiene básicamente
la traza románica pero con los añadidos del s. XVIII.
La planta es basilical, con tres naves rematadas en una triple
cabecera con ábsides semicirculares, y un tramo cubierto
por bóveda de cañón.
- El templo tiene dos portadas, una occidental
y otra meridional. La principal es la de los pies, de 1.756, encajonada
entre la torre y el claustro.
La torre, a los pies
del evangelio, se cubre por un chapitel de pizarra, y en su cuerpo
alto, perforado por ventanas, se conservan algunos capiteles visigodos.
En su interior se
guardan varios retablos, con imágenes de San Genadio, San
Pedro y San Benito, así como una Virgen de la Güina
del siglo XIII, que con la de Villanueva de Valdueza sube cada
julio (el primer domingo) a la ermita de la Güina. Ambas
procesiones son muy concurridas y los mozos se pelean y hasta
pagan por llevar la imagen por aquellas empinadas trochas.
Al costado meridional
de la iglesia se encuentran los restos del monasterio, cuyo cuerpo
forma un rectángulo de 60 por 44 metros. Se conserva parte
del llamado "Claustro de los arcos", pequeño,
con cuatro arcos de medio punto por frente sobre columnas prismáticas
cuadrangulares; así como un segundo claustro o patio al
Este, algo mayor y de galerías cerradas, rodeado de edificaciones
con sótanos abovedados y varios pisos.
- En el extremo oriental del muro Norte
se apoya un arco que sirvió de acueducto para el monasterio,
abasteciéndose del agua de una fuente, llamada de los Chanos,
cercana al pueblo.
Encima del monasterio
se sitúa el pueblo con sus casas serranas mirando al mediodía.
Al final, en el antiguo camino que baja al Oza, se encuentra la
ermita de Santa Cruz, reconstruida en 1.723, sobre otra anterior
del siglo X, que a su vez se construyó sobre una edificada
en el siglo VII por Saturnino, un discípulo de San Valerio.
- El edificio es de poco mérito,
pero en su reconstrucción se usaron materiales anteriores,
hasta el punto de convertirla en la más importante reliquia
visigótica de toda la provincia.
- Sobresalen los utilizados en la construcción
de la ventana encima de la puerta: una loseta con una cruz griega
con el alfa y la omega, varias inscripciones que aluden a la construcción
de la ermita y otros restos.
Desde 1.834 hasta
1.974, en que se integró en el Ayuntamiento de Ponferrada,
Valdueza constituyó un municipio con capital
en San Esteban de Valdueza. En aquel año
contaba todavía con 1.174 habitantes, hoy no sobrepasa
los 500, repartidos en 11 núcleos, de los cuales tres están
totalmente despoblados: Ferradillo, San Adrián y Santa
Lucía.
Las inclemencias
del clima, la pobreza de la tierra, las dificultades de comunicación
(la carretera de Ponferrada a Peñalba, que cruza el valle,
fue construida en 1.966), la atracción de Ponferrada, etc.,
son factores que han propiciado ese abandono.San Esteban de Valdueza,
a orillas del Oza, es un pueblo señorial, con casonas blasonadas.
En la iglesia parroquial se halla la Virgen de Folibar, imagen
sedente de la Virgen con el niño, de estilo gótico
inicial de finales del s. XIII que proviene de la ermita de Folibar,
de la que se conserva la torre. Sus restos pueden verse al Este
de San Esteban, siguiendo el camino de los Maragatos.
- Peñalba, recientemente declarado
Conjunto histórico Artístico Nacional, tiene a su
entrada un Mirador en el que puede admirarse la cabecera
del valle del Oza, aquí más amplio y cerrado por
los altos farallones calizos que han dado nombre al pueblo.
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Y tras ellos las
elevadas cumbres de la Silla de la Yegua, Pico Tuerto y la Aguiana,
todos por encima de los 2.000 m. Se trata de una zona de gran
interés botánico y faunístico.
El pueblo, de caserío
concentrado y típicas casas serranas, se asienta en la
ladera, apiñándose en torno a la iglesia, auténtica
joya del arte mozárabe
Es el único
resto del monasterio fundado por San Genadio en el siglo X, y
al que se retiraría cuando renunció al obispado
de Astorga.
Durante tres siglos
el monasterio mantuvo una intensa vida religiosa, algunos de cuyos
abades alcanzarían el honos de los altares (Urbano, Fortis
y Esteban), desapareciendo a mediados del siglo XII, pasando sus
propiedades al obispado de Astorga.
La iglesia, al parecer
construida en la primera mitad del siglo X por el abad Salomón,
es de una sola nave con dos capillas o aposentos unidos a ella
por arcos de Herradura.
Al exterior el edificio
se muestra como un conjunto armónico de diferentes volúmenes,
que enriquecen la aparente sencillez de la planta, en el que destacan
el tejado de amplios aleros.
En reciente restauración
se encontraron vestigios del monasterio y restos de pinturas murales.
En la parte norte
hay un lucillo, del siglo XII, y en una de las jambas de la puerta
una interesante inscripción. En el interior imágenes
de San Genadio, Santiago, San Andrés y San Miguel del siglo
XVI.
En un corto paseo
en dirección a los farallones calizos que cierran el valle,
puede llegarse hasta la cueva de San Genadio, sobre el río
Silencio, en la que se supone que el santo vivió algunas
temporadas como anacoreta. Está protegida por una reja
abierta y aunque no hay otros restos es un buen mirador del valle.
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