VILLAGARCIA DE AROUSA - PADRON 26 KMS.

Al final del puerto deportivo se atraviesa una gran área de aparcamiento; es posible utilizar el área de descanso resguardada en un pinar. Aquí iniciamos el recorrido por el paseo de la playa de Compostela, que cuenta con fuentes y un parque con wc.
En la llanura intermareal arenosa las estacas marcan las parcelas de marisqueo dispuestas por las cofradías. Dejando atrás algunos altos edificios, la llegada a O Carril resulta muy atractiva, pues el pueblo conserva su estructura marinera tradicional. Por el arrabal de Portugalete rodeamos el promontorio en el que tiene asiento, alcanzando el puerto, un jardín y la Rúa da Mariña, repleta de restaurantes. unto a la rotonda con el monumento a la Almeja, de dudoso gusto, seguimos el paseo inmediato a la carretera PO-548, desde el que contemplamos los bancos marisqueros y, casi a un tiro de piedra, la isla de Cortegada.

Donde concluye el paseo subimos hasta el mirador da Rosa, y justo después es posible tomar el acceso al cementerio, pero antes de llegar a él hemos de subir por una escalera de piedra (o por la pasarela de madera), hasta la carretera. Cruzándola, no vamos hacia la rotonda, sino por una vía paralela inferior que pasa sobre la vía férrea y bajo la carretera VG-4.7, siendo luego preciso rodear una gasolinera hasta el desvío de la PO-192, señalizada a Bamio.

Las aceras nos conducen entre las casas (no hay dos iguales, reflejo del carácter individualista de los gallegos) de Vilar y Cruz de Vilar. A 1,1 km del inicio de la carretera nos desviamos a la izquierda para descender hasta la PO-548, que atravesamos por un paso de cebra con semáforo para introducirnos en O Campanario.

Queda a mano derecha la espadaña de la iglesia, aquí ubicado para una mejor acústica de sus tañidos, ya que el templo de San Xes de Bamio se localiza más abajo, junto a la ría.
Cerca de un cruceiro y del camping Río Ulla, el itinerario avanza sobre una pista asfaltada entre arboledas y junqueras. Pasa de nuevo sobre la carretera PO-548 para recorrer las aldeas de A Dona y O Casal (bar y restaurante), donde retoma la PO-192.

A mano izquierda vamos ahora por la acera a la izquierda de la carretera (a la derecha cruceiro, fuente y área de descanso); el tramo tiene un interés escaso, pues se prolonga junto a la gran fábrica de maquinaria Thune Eureka.
Por la misma PO-192, que ahora carece de aceras y arcén, entramos en la parroquia de Abalo, primera del concello de Catoira; lo hacemos por el lugar de O Pedroso, acercándonos a la PO-548. En este punto es posible cortar una curva de la carretera que seguíamos, bajando por una senda hasta la pasarela que cruza el regato do Souto da Vila, y volviendo a subir a la altura de una zona de descanso con mesas.

Justo después, en la aldea de Baltasar (bar y restaurante) cruzamos, ahora sí, la PO-548. Aquí comienza una serie de tramos del Camino Real —bien señalizados—, que no siempre se encuentran en óptimo estado para caminar.

El primer tramo bordea la aldea, con sus edificios muy descuidados. Hemos de prestar atención para no bajar hacia la gravera de A Pedroleira, sino seguir a la derecha para cruzar poco después, a la altura del restaurante O Rancho, la PO-548; la operación es bastante peligrosa, sobre todo a las horas de comer (aparcamiento desregulado).

Al otro lado nos topamos con la aldea de O Miradoiro, donde un par de trechos del Camino Real alternan con una pista del parque empresarial; en él se sitúa un mirador con bancos sobre la desembocadura del río Ulla en la ría.

El viaducto ferroviario del Ulla, obra de extraordinaria calidad, es el nuevo referente, y hacia él nos dirigimos. A la altura de la parrillada O Mirador no se puede seguir el Camino Real por estar frecuentemente inundado y, además, cerrado. Por lo tanto, es necesario continuar ante el restaurante y luego cuesta arriba por un descampado desde el que se puede acceder a la laguna de Pedras Miúdas, formada en una antigua cantera.

Una pista de tierra se prolonga, pasando bajo el viaducto del tren, hasta el inicio de Catoira, donde desembocamos en la PO-548 y vemos el hotel Harpazul.

Catoira

En vez de dirigirnos al centro (opción para quien precise de los servicios), cruzamos la carretera para seguir el Camino Real 70 m, bajando luego junto a la mole de la conservera Friscos en coincidencia con el Eurovelo 1.

Tras la depuradora de aguas un camino de tierra pasa bajo la vía del tren y, a la vera del río de Catoira, por unas pasarelas de madera llega a la senda fluvial; esta se prolonga por el parque del Ulla no lejos de la nueva e inmensa fábrica metalúrgica STAC.

Varias zonas de descanso, así como observatorios de aves, se localizan en el tramo que conduce a las Torres de Oeste, fortaleza medieval levantada para frenar la subida, por el río, de vikingos y normandos que codiciaban los tesoros de Compostela. Un drakar, atracado en el embarcadero, es utilizado en la Romería Vikinga de agosto. Por su parte, un monumento de acero corten guarda memoria de las siete torres que llegaron a existir.

Pasarelas y sendas enlosadas avanzan sobre las marismas, siendo posible desviarnos hasta las torres y regresar por otro camino, todo evidente. Nuestros pasos conducen ahora al Centro de Activación Cultural Torres de Oeste (oficina de turismo en temporada), con una fuente medicinal inmediata. Bajo el horrible viaducto de carretera que comunica las provincias de A Coruña y Pontevedra alterando el entorno de las torres, continuamos por el Paseo das Telleiras.

Se inicia aquí uno de los tramos más bonitos, desde el punto de vista del medio ambiente, de la etapa, pues además de pasar junto a un cruceiro del viacrucis fluvial, y de las ruinas de las antiguas fábricas de tejas de Roeiro y Padín, discurre primero sobre la marisma, espacio protegido, y luego, ya en el concello de Valga, por un bosque de pinos y robles.

Apartados ya del río transitaremos bajo la vía férrea y llegaremos a la aldea de Vilar, que además de la capilla de San Paio muestra varios hórreos.

Toca descender hasta la vía del tren, junto a la que circulamos por su margen derecho un largo y monótono trecho en el que las aldeas se van enlazando, pero quedan apartadas a la derecha de la ruta. A la altura de la de Castiñeiras cambiamos de margen, y ahora vamos a la izquierda de la vía.
Tras cruzar el río Louro bordeamos el parque industrial de Valga hasta pasar bajo una carretera y alcanzar la rotonda de O Coto. Se mantiene la rutina de acompañar al ferrocarril (vale la pena un corto desvío bajo la vía para conocer el puente y molino do Souto), justo hasta que encontramos el desvío, a la izquierda, que recorre la aldea de Cagaxol, con capilla de los Desamparados y cruceiro. En el Ulla, la fábrica padronesa de Finsa llama la atención por la blanca y permanente humareda que genera.

Al final de la aldea cruzamos la vía férrea para, por la Av. dos Namorados, entrar en Pontecesures por la Rúa Carlos Maside. Esta muere en la Rúa San Lois, eje que estructura la localidad de norte a sur, pasando ante la iglesia de San Xulián.

Por la misma calle, que va cambiando de nombre según el tramo, ante el monumento al automóvil continuamos hasta la carretera N-550 y el puente del Ulla, donde enlazamos con el Camino Portugués Central. Lo cruzamos, entrando así en la provincia de A Coruña.
Al otro lado accedemos, por la izquierda, a una plaza, desde la que tomamos una calle que nos lleva a la vera del río Sar; luego, por la derecha, y en paralelo a dicho río, seguimos una carretera local. Pasamos bajo la autovía AG-11 y, siempre en la misma dirección, llegamos por el paseo del Espolón a la iglesia de Santiago de Padrón.